Una bella noche de metal con Lamb of God en su regreso a tierras regias.

📍 Showcenter Complex, Monterrey
📆 6 de noviembre de 2025
Foto : Jesús Pedraza
Lamb of God , con un tumulto de gente se agolpaba en el lobby del Showcenter Complex. Oleadas de playeras negras iban y venían, saludos, charlas, selfies, brindis y las inevitables filas para conseguir cerveza o algún snack previo al show.
La atmósfera era festiva y anticipaba lo que vendría: una bella noche de metal con Lamb of God en su regreso a tierras regias.
A medida que se acercaba la hora cero, largas filas se formaron para ingresar a la sala. Dentro, apenas quedaban espacios libres; se abrían pasillos improvisados entre la multitud que buscaba un hueco para mirar el escenario. Todo estaba abarrotado. Aquel que se aventuraba a salir por una cerveza, tenía que abrirse paso entre un mar de cuerpos que se encontraban listos y ansiosos para la descarga sonora.
A las 9:40 pm, las luces se apagaron y una ovación ensordecedora estalló en el recinto. Uno a uno fueron apareciendo los integrantes de Lamb of God. El inicio fue un golpe directo: “Resurrection Man” encendió de inmediato la ceremonia. La vibra era electrizante; el ambiente se transformó en un aquelarre clamoroso.
El headbanging fue el lenguaje común. Puños al aire, la tradicional mano cornuta apuntando hacia el escenario y celulares en alto capturando cada instante ya sea en foto o en video. Los mosh pits no se hicieron esperar: círculos de energía pura donde los asistentes se empujaban, saltaban y gritaban en una catarsis colectiva que solo el metal puede provocar.

Randy Blythe —una de las voces más emblemáticas del género— rugió con toda su potencia, alternando gritos desgarradores con graves profundos. Se ganó aún más al público al interactuar en español, las cuales se celebraban con mas euforia. Se le vio pleno, disfrutando y agradecido.

Mark Morton y Willie Adler hicieron lo suyo: riffs veloces, pesados, complejos, con esa fuerza implacable que caracteriza a Lamb of God. John Campbell sostuvo con precisión quirúrgica la base rítmica desde su bajo, con su larga cabellera plateada ondeando como una crin de caballo salvaje. Además en la batería, Art Cruz fue ovacionado en repetidas ocasiones por su brutal precisión, rapidez y energía: pura dinamita tras los tambores.
Los momentos más intensos llegaron primero con “Memento Mori”, luego el poderoso tributo al legado de Ozzy Osbourne con “Children of the Grave”, y la explosión total con “Redneck”, la canción que selló la velada con un estallido de caos controlado. Banda y público quedaron exhaustos, tan satisfechos como rendidos.
Cuando las luces volvieron a encenderse, se palpaban los retazos de una noche vibrante. Lamb of God cumplió: dejó a la ciudad con la garganta ronca, el cuello adolorido y el corazón acelerado. Una noche que confirma por qué siguen siendo uno de los actos más demoledores del metal actual.
