
Men At Work llegó a Monterrey a ofrecer un concierto lleno de nostalgia. Noche de Día del Niño, víspera de festivo: el escenario ideal para cerrar la semana laboral. El público, en su mayoría arriba de los 50 años, no iba desbordarse, sino a escuchar, todo fluyó con orden; incluso las filas del snack.
El peso de un legado ochentero
Men At Work irrumpió desde Melbourne a inicios de los años 80, con un éxito poco habitual. Su álbum debut Business as Usual y el sencillo “Down Under” alcanzaron simultáneamente el número uno en Estados Unidos y Australia. Su mezcla new wave y pop, incluido ese uso distintivo de la flauta, los convirtió en una pieza esencial de la época.

El público en el Showcenter Complex permanecía cómodamente sentado en sus butacas, esperando el inicio del concierto; si acaso, el barullo lo provocaban los meseros ofreciendo bebidas y alimentos.
Una maquinaria bien aceitada
Desde el arranque con “Touching the Untouchables” y “No Restrictions”, quedó clara la intención de Men At Work: precisión antes que espectáculo. La alineación, compuesta por dos cubanos, una peruana, una californiana y su líder australiano una mezcla poco habitual, funcionó como un mecanismo perfectamente aceitado. El baterista fue, literalmente, un reloj; la guitarra líder aportó el toque emocional que evitó cualquier rigidez excesiva. Todo sonó en su sitio, con un audio impecable que permitió apreciar cada matiz.

Al frente, el líder de Men At Work, Colin Hay, vestido de blanco, llevaba la batuta del concierto. Su voz conserva ese carácter de graves y agudos que, en más de una ocasión, arrancaron aplausos sonoros. A su alrededor, el ensamble sumó momentos de lucimiento individual. Hubo espacio para solos de guitarra, bajo y sax, todos ejecutados con un virtuosismo sobrio, sin caer en excesos.
Un elemento que aportó dinamismo visual, fue la percusionista peruana, quien acompañó las canciones con movimientos y bailes ligeros, rompiendo la estática natural de un público que permanecía mayormente sentado. Porque sí, este no fue un concierto para “deschongarse”, sino un recital para apreciar. La gente solo se puso de pie en los momentos clave, cuando sonaron los temas más emblemáticos.

Y ahí, inevitablemente, llegaron los picos de la noche: “Down Under”, “Who Can It Be Now?” y “Overkill” concentraron las ovaciones más fuertes. No fue sorpresa: son las canciones que definieron a Men At Work y que, décadas después, siguen siendo puntos de encuentro generacional.
Una elegancia sin reinvención
Men At Work no buscó reinventar su historia. Fue más bien, una ejecución elegante de su legado. Músicos precisos, sonido impecable y un público que entendió que hay conciertos que no se viven desde el exceso, sino desde la escucha. Todo estuvo en su lugar. Y eso, a veces, es más que suficiente.
