Fobia: más oficio que nostalgia

Fotos : Elena Aranda

Fobia está de regreso en Monterrey. La avenida Ocampo lo demuestra con el tráfico cargadito, nada nuevo para una ciudad cada vez más habituada al embotellamiento permanente. El calor aun de noche, no da tregua. Pero apenas se cruzan las puertas del GNP (Pabellon M), la comodidad se impone, aire acondicionado, asientos cómodos, meseros llevando bebidas hasta tu lugar. Muy lejos quedan aquellos foros incómodos, de baños malolientes y el público apretado de pie, como en un gallinero.

Fobia también refleja el paso del tiempo en su público. La misma pandilla, pero instalada en otra etapa de la vida. Hay pocos jóvenes, la mayoría pertenece a esa generación que creció con la banda en los noventa y que ahora acude sin histeria, ni empujones, lejos del caos juvenil de otras épocas. Se siente la expectativa por el regreso de la banda. El lugar luce lleno y el ambiente deja claro que Monterrey estaba esperando este reencuentro.

El desafío de seguir vigente

Por mi mente cruzan un par de preguntas ¿cómo se reinventa una banda con cuarenta años de vida? ¿al público realmente le interesa una reinvención? Por lo menos hoy, no hace falta desmontar el pasado. La apuesta de Fobia está en sonar impecables, mantenerse afilados y recurrir a pequeñas variaciones que refresquen el engranaje sin traicionar la esencia.

Fobia arranca con “Veneno Vil” y desde ese momento queda claro que la banda sigue funcionando. Entre las canciones más ovacionadas aparecen “Vivo”, “Hipnotízame” o “El Diablo”, mención aparte merecen “Dios Bendiga a los Gusanos”, “Miel del Escorpión” y “Regrésame a Júpiter” entre muchos otros clásicos. El público permanece de pie prácticamente todo el concierto, acompañando a Leonardo de Lozanne en cada estribillo. La sorpresa de la noche es cuando enlazan “Sympathy for the Devil” de The Rolling Stones con “Revolución sin manos”.

Elohim, Leonardo, Cha, Paco

La precisión del engranaje

Fobia tiene en Elohim Corona a la gran novedad de esta etapa, es una bestia para tocar esa batería, repleta de platillos y tambores que parece diseñada para ser tocada por un pulpo. Aporta conexión con el público y canta cada canción como un fanático más. Durante años Leonardo cargó con buena parte de la interacción escénica de Fobia, pero ahora encuentra en el un aliado natural. Con el, la agrupación gana en presencia visual y dinamismo.

Fobia mantiene en Leonardo de Lozanne a uno de sus principales bastiones. En algunos temas toma la guitarra, en otros recurre a las maracas y se da el tiempo para ejecutar la armónica, pero lo verdaderamente notable sigue siendo su voz. De todos los vocalistas de bandas mexicanas surgidas en los noventa, Leonardo es quizá quien mejor conserva el registro y la claridad, esto es producto del trabajo y la disciplina.

Fobia también descansa sobre la sobriedad de Iñaki y Cha. Este último aparece con un chaquetín color crema y anteojos negros, efectivo, sin hacer una sola cosa de más. Esa economía escénica le ha funcionado durante décadas. Iñaki, desde sus sintetizadores, dispara todos esos sonidos emblemáticos y fundamentales, que terminan de construir la identidad sonora de la banda.

Paco Huidobro es el arquitecto, el cerebro de Fobia. La guitarra elegida para hoy es una de picos, en colores naranja y blanco. Mientras toca, no deja de gesticular, como si eso abonara a moldear el sonido en tiempo real. Los arreglos llenos de energía y precisión, los ejecuta sin aparente esfuerzo, con una técnica que parece colocarse por encima de cualquier exhibicionismo.

La madurez como reinvención

Fobia suena hoy, muy por encima de varias de las versiones actuales de sus contemporáneos noventeros. Mientras agrupaciones como Caifanes o Maldita Vecindad se sienten anquilosadas o parchadas, Fobia se escucha compacta, elegante y viva. La banda respeta casi por completo los arreglos originales, salvo en el cierre con “El Microbito”, donde abandonan los instrumentos clásicos y utilizan esos artefactos electrónicos y experimentales que Paco Huidobro ha ido incorporando con los años, inevitable recordar el MTV Unplugged.

Fobia demuestra finalmente que no necesita destruir su pasado para seguir siendo relevante. Y quizá ahí reside la verdadera reinvención de Fobia: seguir sonando con la misma fuerza, pero dignamente, sin caricaturizarse, respetando y abrazando esos años que dan la madurez.

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