Título que provoca y seduce al mismo tiempo. Lecciones de gramática para escribir una nota suicida es desafío y despedida, un intento por poner orden —gramatical y vital— en el caos del dolor. En la portada, un amarillo intenso anuncia el quiebre: la punta de un lápiz rota como se rompe la vida, con un crac que a veces es un susurro, otras un estallido semejante a cohetes que iluminan el cielo en alguna fiesta.
En su primera novela, Ilallali Hernández nos conduce al universo íntimo de Malena, joven de clase alta que ha perdido a sus padres en un accidente automovilístico. Desde ese vacío que lo inunda todo, Malena comienza a reflexionar —y luego a obsesionarse— con la muerte. No se trata de una atracción morbosa ni de un impulso autodestructivo. Como si fuese una periodista, va atando cabos para tratar de entender el porqué de una decisión que cimbra como eco persistente. Su interés se despierta al conocer, por un enamorado, el suicidio de una psicoanalista.
Hay momentos en que me parecía leer un ensayo, por la minuciosa documentación con que la autora aborda el tema. Malena la protagonista, indaga en los suicidas de la Biblia, Sansón, Saul, Judas Iscariote o en los suicidios que han estremecido la cultura pop contemporánea, Kurt Cobain, Sylvia Plath, Sarah Kane figuras que convirtieron la autodestrucción en un símbolo de época.
Pero es en el estudio de las notas suicidas donde la novela alcanza su mayor hondura: Malena examina la caligrafía de los últimos instantes, esa letra temblorosa que cambia cuando alguien se despide, cuando la mente cruza hacia otro plano. Habla de los trazos que se deshilvanan, del salto de un tema a otro, del caos en esa última página. A ese fenómeno lo llama “la caligrafía del suicida”.
La narración, serena y reflexiva, nos invita a acompañar a Malena en su duelo: una joven que intenta comprender la muerte para reconciliarse con la vida. En su camino la acompaña Susy, amiga y contrapunto, mujer frívola y generosa a la vez, que introduce el toque de humor a esta historia. La nana de Malena, en cambio, es la centinela de los recuerdos: limpia una casa vacía, preserva la memoria de los muertos, honrar con el orden doméstico la memoria de los padres de Malena.
Entre un departamento y la vieja casa familiar, Malena flota entre dos mundos: el de los vivos y los muertos. Gracias a la herencia del negocio paterno, puede darse el lujo de investigar, de mirar el suicidio sin prisa, desde su raíz etimológica hasta su dimensión poética.
Ilallali Hernández entrega una obra profunda, elocuente, afable. Una reflexión sobre la necesidad humana de nombrar incluso el final. Un retrato minucioso del suicidio, donde se respira duelo, pero también lucidez. Intensa, entrañable, reflexiona desde la herida. Una mujer que enfrenta el dolor mientras lidia con las ambiciones familiares, con el oportunismo de los vivos y el peso ineludible de sus muertos.
Publicada por Malpaso Ediciones, Lecciones de gramática para escribir una nota suicida puede adquirirse en línea en www.malpasoycia.mx.
